San Mateo: Era conocido por San Ignacio de Antioquia. Pudo haber sido escrito en Palestina. Sus destinatarios son comunidades compuestas por judeocristianos, conocedores de la Escritura, la cual es citada en unos 130 versículos, y que siguen respetando la Ley ("no penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas" Mt 5:17). Sin embargo, son unas comunidades que se abren a los paganos y que se encuentran ya en tensión con el judaísmo surgido en Yamnia después de la destrucción de Jerusalén. Ante las comunidades perseguidas, Mt. presenta a Jesús como el que ha llevado a cumplimiento todas las expectativas del A.T.
Bienvenidos al blog de Catequesis Bíblica.
Es una herramienta en la cual nos ofrece una ayuda para como poder ir preparando una catequesis bíblica para ayudarnos a profundizar un poco más en lo que creemos, pero también en la formación de los sacramentos de iniciación y como tiene su referencia en la Sagrada Escritura.
martes, 13 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
EVANGELIOS –TEXTOS III.
EVANGELIOS DE LA INFANCIA: Ni reportajes históricos ni cuentos de hadas, los evangelios de la infancia revelan un profundo conocimiento de Cristo. Ni Lucas ni Mateo se propusieron escribir una biografía de Jesús niño, sino que ambos quisieron decir, cada uno a su manera, "quién" es este niño: nuevo Moisés, Hijo de David, Hijo de Dios. Cada uno escribió lo que la fe, alentada por el Espíritu, le había hecho descubrir a la Iglesia. En efecto, después de Pascua ningún discípulo miró ya a Jesús como antes: en adelante, cada uno podía contemplar su misterio y entender su misión. Así pues, los evangelios de la infancia encierran toda una cristología.
Pero no bastaba con comprender; era preciso, además, transmitir lo que el Espíritu había hecho descubrir. Pero, ¿cómo expresar lo inefable? ¿De qué manera comunicar aquella experiencia arraigada en la resurrección del Señor? Los evangelios, como todos los autores bíblicos, tropezaron con un problema de lenguaje. Y, a decir verdad, lo resolvieron con un arte consumado. Lucas y Mateo muestran una profunda comprensión de las Escrituras y de las tradiciones bíblicas; además saben utilizar el lenguaje simbólico.
Así, cuando la estrella señala el camino a los magos, está saludando, como en cualquier lugar del antiguo Oriente, el advenimiento de un rey o de un dios, cumpliendo el antiguo oráculo de Balaán y, con mayor sutileza aún, horadando el espesor de la noche para anunciar que "sobre los que habitaban en tierra de sombras brilló una luz" (Is 9, 1). Cuando María marcha presurosa a casa de su prima Isabel, el rey David y toda Jerusalén van dándole escolta y, con Juan Bautista, proclaman su alegría al ver aproximarse a sus murallas la nueva Arca de la alianza. Y Jesús, cuando responde con pasmosa viveza a los escribas, anuncia las futuras controversias que acabarán llevando al Hijo del hombre a la cruz.
El lenguaje simbólico no es el pariente pobre de la literatura. Reemplaza al lenguaje de la razón donde éste sólo podría balbucear o quedar callado. Pero el símbolo oculta, y a la vez, revela. La vacilante aproximación de Moisés a la zarza indica también la incesante búsqueda del hombre en el camino del Absoluto, mientras que la llama que no consume el arbusto dice algo del amor respetuoso de Dios a su criatura.
domingo, 11 de marzo de 2012
EVANGELIOS –TEXTOS. II
REGLAS PARA SU LECTURA: Hoy todos estamos convencidos de que los recuerdos de Jesús, o sea, sus palabras y sus gestos, no se transmitieron mecánicamente, sino que se recogieron, ordenaron y elaboraron de acuerdo con las exigencias de la fe de las diversas comunidades cristianas: exigencias pastorales, apologéticas, de culto o de otro tipo. Todo esto ocurrió antes de que los diversos evangelistas fijasen los recuerdos en sus escritos, ordenándolos y eligiéndolos de manera que resultase a su vez su punto de vista particular: una es la perspectiva de Mateo, otra la de marcos y otra, en fin, la de Lucas. Podemos decir que los recuerdos, que se remontan a Jesús, fueron transmitidos obedeciendo a una doble fidelidad; a la memoria de Jesús, a la cual permanecen fieles, y a su propia época, a la cual se dirigen. He aquí, pues historia y fe, recuerdo y teología; ambos aspectos están indisolublemente unidos.
Por todo ello, en el evangelio escuchamos la voz de Jesús, así como la voz de la Iglesia, que lo ha anunciado y actualizado; e, igualmente, la voz del mismo evangelista, que consignó por escrito, actualizándola a su vez, aquella misma tradición eclesial. Una lectura un poco atenta de los evangelios y deseosa de caminar al paso de las actuales conquistas de la exégesis, debe tener todo esto en cuenta. Mas entonces se impone una lectura que se atenga a algunas reglas bien precisas. Primera: para leer un texto evangélico es indispensable reconstruir el trasfondo veterotestamentario, explícito e implícito, a que hacer referencia. Esta reconstrucción sirve, por una parte, para advertir la continuidad de Jesús, y, por otra, su indeleble novedad. Esto es particularmente importante en el evangelio de Mateo.
Es preciso, además -y es la segunda regla-, estudiar cada sección a la luz del contexto evangélico total y, de ser posible, confrontarla con los textos paralelos de los otros evangelistas. En seguida se echará de ver el motivo: la confrontación es realmente indispensable si una lectura quiere ser capaz de percibir los intereses particulares de un evangelista, sus acentos, sus preocupaciones, su plan teológico y el modo de desarrollar la exposición, así como su originalidad en anunciar el misterio de Jesús.
En tercer lugar, hay que situar el fragmento en la vida de Jesús y en la de la comunidad sucesiva. Efectivamente, hemos dicho que las palabras de Jesús pervivieron en las comunidades constantemente anunciadas, releídas y profundizadas de acuerdo con las necesidades y los problemas pastorales de las diversas comunidades. Este esfuerzo por situar los textos en su ambiente vital (primero de Jesús y luego el de la comunidad subsiguiente) es muy útil para su comprensión viva y concreta, así como para su actualización. Finalmente, hay que leer el texto a la luz de nuestro tiempo, a fin de repetir, partiendo de nuestros problemas y de nuestra situación, lo que las comunidades de entonces realizaron partiendo de sus problemas y de su situación.
sábado, 10 de marzo de 2012
EVANGELIOS –TEXTOS.
1. FORMACIÓN: La reconstrucción del camino que lleva de Jesús a los evangelios se resume esquemáticamente de esta forma:
a) Las primeras predicaciones de los apóstoles se centraban en el hecho de la muerte y de la resurrección de Jesús. A estas predicaciones se les da el nombre de "kerigma" (del griego "keriygma"=proclamación), que está hecho de fórmulas lapidarias. Muerte de Jesús, resurrección, don del Espíritu, perdón de los pecados, llamada a la conversión: son los temas principales. Se encuentran fácilmente huellas de este kerigma en los mismos textos evangélicos, en las cartas de San Pablo y en los Hechos (por ejemplo: Mc 16. 6; 1 Ts 1. 10; Hch 2. 22-24/36).
b) El relato de la pasión debió formarse muy pronto. Era necesario recordar la muerte del Señor para vivir de la presencia del resucitado: "La presencia del resucitado no puede expresarse sin el memorial de su muerte, pues la muerte de Jesús es precisamente laque hace brotar la palabra viva del resucitado" (C. PERROT Jesús y la historia. Cristiandad, Madrid 1982, 42). En la redacción definitiva de los evangelios, el relato de la pasión ocupa un lugar muy importante, bien definido por los exégetas.
c) La proclamación atraía continuamente a nuevos discípulos y fue necesario elaborar una enseñanza profunda. Muy pronto se formaron pequeños conjuntos de "palabras" o de "hechos" (relatos de milagros, de exorcismo...) del Señor. Estas pequeñas colecciones acompañaban a toda la vida de la comunidad, servían de apoyo a la enseñanza, a la actividad litúrgica y favorecían la elaboración de una regla de vida común etc...
d) La formación de conjuntos mayores que agrupaban estas pequeñas colecciones llevó progresivamente a la formación de los evangelios. ¿Por qué hubo que llegar a estos relatos que iban alineando seguidamente la infancia, la vida pública, la pasión y la resurrección de Jesús? Por varias razones; la más decisiva fue la necesidad de "pasar a la historia", de alejarse de los comienzos sin destruir la relación con Jesús de Nazaret. Los evangelios ofrecieron un relato fundador que permitió a los cristianos alejarse de los orígenes sin producir fracturas que habrían podido destruir la originalidad de su movimiento. En el momento de desaparecer la primera generación de creyentes, cuando la expansión geográfica tomaba la amplitud que conocemos la formación de relatos sobre Jesús garantizaba un porvenir a la buena nueva. Evitaba que los creyentes llegaran a celebrar a su Cristo como a un filósofo o un sabio, del que se habrían conservado, por ejemplo, tan sólo unas cuantas máximas bien acuñadas. La gran importancia concedida a la "pasión y muerte del Señor" evitaba que la fe cristiana se limitara a la perspectiva de los grupos "entusiastas", tan conocidos en el mundo helenístico, que vivían con la conciencia de una "salvación celestial", ya totalmente dada. El relato evangélico recordaba que la "salvación" cristiana seguía estando irremediablemente ligada a la cruz de Cristo. Seguía anclada en la historia, a la que acompañaba hasta el "retorno" (parusía) definitivo del Señor.
viernes, 9 de marzo de 2012
Temas IV: AT/NT/UNIDAD
El AT históricamente entendido alude a algo que está más allá de él, como una promesa que se consumará en Cristo. Es como una celosía a través de la cual aparecerá Cristo. Sólo en relación con Cristo podrá comprenderse su único y verdadero sentido; puesto que en Cristo halla su cumplimiento,
La unidad de la Escritura queda garantizada por el hecho de que el Espíritu Santo es el autor de ella y en que Cristo es su contenido. Por eso no podemos interpretar aisladamente los textos particulares, ni cada uno de los libros, sino que hay que prestar atención a su intercorrelación orgánica. La Palabra de Dios consignada en la Escritura constituye una economía divina según la cual todo está mutuamente coordinado, Testamento con Testamento, libro con libro, palabras con palabras en una analogía que excluye toda real contradicción. Con la siguiente fórmula expresa San Agustín la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento: "EI Nuevo Testamento está presente en el Antiguo de una manera oculta, y el Antiguo Testamento se patentiza en el Nuevo" (BI/AGUSTÍN: in veteri Testamento novum latet, in novo vetus patet; v. De catechizandis rudibus, 5).
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